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| Fuente: pixabay.com |
“Actitud es la disposición mental y emocional, mientras que aptitud son las habilidades para hacer algo”
En el ámbito de la logística, donde la eficiencia, la precisión y la toma de decisiones son factores clave para el éxito organizacional, es fundamental distinguir entre habilidades y competencias.
Las habilidades se refieren a capacidades específicas que una persona posee para ejecutar tareas concretas. En logística, estas habilidades suelen ser técnicas y operativas. Por ejemplo, el manejo de sistemas de gestión de inventarios (WMS), la elaboración de rutas de distribución, el uso de herramientas de análisis de datos o el conocimiento de normativas de transporte son habilidades que permiten al profesional realizar funciones puntuales de manera eficaz. Las habilidades pueden adquirirse mediante formación, práctica y experiencia directa, y suelen ser medibles y observables en el corto plazo.
Por otro lado, las competencias abarcan un concepto más amplio e integral. Una competencia combina habilidades, conocimientos, actitudes y comportamientos que permiten a una persona desempeñarse con éxito en situaciones complejas y cambiantes. En logística, una competencia no solo implica saber cómo hacer algo, sino también cuándo, por qué y con qué enfoque hacerlo. Por ejemplo, la competencia de gestión de la cadena de suministro incluye habilidades técnicas, pensamiento estratégico, capacidad de análisis, liderazgo, comunicación efectiva y toma de decisiones bajo presión.
Una diferencia clave entre ambos conceptos radica en su alcance. Mientras que las habilidades se centran en el “qué” y el “cómo” de una tarea específica, las competencias se enfocan en el “para qué” y el “en qué contexto” se aplican. Un profesional logístico puede tener la habilidad de manejar un software de planificación, pero solo será competente si logra utilizarlo para optimizar costos, mejorar tiempos de entrega y alinearse con los objetivos estratégicos de la empresa.
Además, las competencias suelen desarrollarse a lo largo del tiempo y requieren experiencia, reflexión y adaptación. En un entorno logístico cada vez más globalizado y digitalizado, competencias como la resolución de problemas, la orientación al cliente, la gestión del cambio y el trabajo en equipo resultan esenciales para enfrentar imprevistos, coordinar múltiples actores y mantener la continuidad operativa.
En resumen, las habilidades y las competencias son elementos complementarios. Las habilidades permiten ejecutar tareas con precisión, mientras que las competencias garantizan un desempeño integral y sostenible. Las organizaciones logísticas que invierten en el desarrollo de ambas logran profesionales más completos, capaces de responder a los desafíos actuales y futuros del sector.
Autor: José Luis Galiana, logístico y presidente de RALOG – Red de Ayuda Logística

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